miércoles, 23 de enero de 2008

Retazos de recuerdos


Ultimamente, vuelan por casa multitud de fotografías, volviendo a la mente recuerdos guardados en el rincón oscuro de la memoria, no por ser malos recuerdos, sino por ser recuerdos lejanos, que quedan en un duermevela, esperando ser despertados por algún factor externo que los haga brotar a la parte consciente de la memoria.

Recuerdo estar entre tus brazos, siendo un enano que apenas sabía andar, aquellos momentos en la casa de Tánger, durante esos veranos interminables que pásabamos cuando la pausa estival del colegio nos permitía estar varias semanas allí con vosotros. Recuerdo esos días en la playa, buscando coquinas y caracoles, y las palabras que siempre me decías, "si has encontrado una, sigue buscando ahí porque seguro que habrá más". Recuerdo tantas cosas que pensé que no recordaba... Pero quizás, el recuerdo más presente, es aquella conversación que tuvimos en tu casa , cuando apenas hacía un par de años que el Abuelo nos dejó, y en la que fuiste tú la causante y el artífice de que empezara a bailar... También recuerdo el día que el Abuelo se fue, tu reacción, tus palabras en el salón de casa, tus llantos, tus lágrimas... Esos recuerdos de infancia, que creí olvidados, hoy renacen y brotan con más fuerza que nunca...

Pero también tengo recuerdos actuales, tu sonrisa, siempre agradecida ante cualquier ayuda prestada; tu interés en saber por qué me gustan tanto los pájaros; el momento en el que te enseñé mi guitarra nueva y me hiciste tocar para oirme; tus preguntas sobre si tenía novia y que algún día me tenía que casar porque no querías faltar a mi boda; las mañanas que llegabas a casa a buscar a Mamá para ir a la compra; tu mirada, a veces triste, a veces alegre, a veces perdida en los recuerdos de una vida llena de ellos, y otras veces llena de felicidad abrazando a una 4ª generación de tu propia sangre que estaban empezando a andar por este mundo... Esa mirada, siempre tenía la suficiente fuerza para transmitirme alguna sensación a mi alma...

Recuerdo tantas cosas, que entre sonrisas y lágrimas, apenas me hago a la idea de que ya no estás, de que ya no puedo verte, de que te has marchado de repente y ni si quiera te dí un beso antes de marcharte...

Ya no verás a Esther, llevabas tiempo en Sevilla, y no dió tiempo a presentártela, pero estoy seguro que te hubiera encantado, por el simple hecho de ver que es ella quien dibuja la sonrisa de mi cara y el motivo de mi felicidad, ni tampoco verás el día de mi boda, con la ilusión que te hacía... No verás a mis hijos nacer, empezar a andar y a correr, o llamarte Yaya... No verás que la vida por la que siempre preguntabas, ya ha nacido y ha empezado a andar... Ya no habrá más mañanas de compras con Mamá, ni veré más sonrisas, ni aquella mirada...

Tus manos, cansadas de vivir, se habían arrugado ya, pero aún demostraban la belleza de quien las cuidó toda una vida, tu cara aún reflejaba aquella hermosura que tuvo en su juventud, a pesar de las arrugas que el tiempo había dejado en ella, y tus andares aún conservaban el porte y la elegancia de quien supo pasear por la vida siempre con la cabeza erguida, a pesar de que en los últimos tiempos a tus pasos los acompañaba un bastón, que lejos de darte aspecto de anciana encorvada, te daba un aire aristocrático, acentuando aún más tu elegancia innata.

No sé dónde estarás ahora, ni si habrás llegado al sitio que esperabas llegar, no sé si existe el cielo tal y como aquí nos lo cuentan, pero si que espero que ahora, estés donde estés, hayas encontrado a Yayo Miguel, y que ahora, podáis pasear juntos de la mano, en un bello y eterno atardecer, por las playas de Tánger o por el zoco chico, contándoos todo aquello que no habéis pasado juntos durante estos últimos años en los que no os pudísteis ver, o recordando todo aquello que vivistéis aquí. Acordaros de vez en cuando, de mirar hacia aquí abajo, porque todavía queda mucha gente que os echa de menos y que os quiero muchísimo, aunque no fuéra capaz de demostrarlo cuando estabáis aquí, eso es lo que siento...

Quizás, con demasiada prisa, nos olvidamos en nuestro día a día acelerado, de aquellas personas que tuvieron o tienen un papel importantísimo en nuestras vidas...


Quizás, olvidamos, que con la edad, no se marchitan algunos sentimientos que surgieron en nuestro propio nacimiento, y que no desparecen con nuestra propia muerte...


Quizás olvidamos, que un día hubo alguien siempre dispuesto a dedicarnos una sonrisa, una caricia, un halago...


Quizás, con demasiada prisa, nos olvidamos que la vida es finita, y que no siempre se pueden dejar cosas para mañana, porque mañana puede que no estemos todos...


Ahora soy consciente de que no sólo lloro tu pérdida, que tanto daño me hace, tanto como el saber que yo dejé para un mañana que ya no habrá, cosas que pude hacer ayer. Mis lágrimas fueron en tu entierro de dolor, y hoy son de impotencia, de autodecepción, de amargura... No dediqué mucho tiempo a conocerte, creyendo que te conocía, no dediqué mucho tiempo a estar contigo, porque siempre pensé que nunca te irías y que mañana sería mejor momento que hoy, no dediqué mucho tiempo a devolverte momentos, retazos de recuerdos de mi infancia en los que siempre estabas sonriendo... Quería devolverte esas sonrisas, quería devolverte esos abrazos, quería hacer tantas cosas que nunca hice, y que ahora, son imposibles...

Desde aquí, sólo quiero decirte que te quiero, aunque nunca te lo dije y dile a Yayo que también le quiero... Nunca os olvidaré...

Un beso eterno....
Vuestro nieto...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Sugestión


Noche cerrada, apenas un alma en la calle, silencio, quizás haga frío, pero no parece afectarle demasiado...


Anda aparentemente tranquilo y con paso firme, pero su corazón late como si llevase corriendo al máximo de sus capacidades un buen rato. Silencio, eso es lo que escucha, nada, no hay nada más en la calle, sólo él, el sonido de sus pasos, su respiración entrecortada, la escarcha empezando a hacer mella en los coches aparcados, edificios alumbrados torpemente por farolas caprichosas que iluminan unas zonas y dibujan, caprichosamente, sombras en otras, y más silencio....


Varias sensaciones anteriores le tienen sugestionado, no acaba de sentir miedo, pero tampoco se siente tranquilo. La extraña sensación de sentirse observado que ha tenido gran parte de la noche, no se ha marchado...


Mientras camina, observa lo que le rodea, curiosamente, no hay nadie, no se oyen voces, ni coches circulando, pero tiene la intuición de que no está solo, de que desde algún sitio, más o menos cercano, alguien le observa, alguien sigue sus pasos, pero mientras que los suyos hacen ruido al caminar, quien le observa se mantiene en el silencio, sin ofrecer el más mínimo ruido que pudiera delatar su presencia.


Su camino le lleva a zonas donde los cristales de los escaparates enseñan sombras, figuras imaginadas, destellos de reflejos que en algún momento debieron de existir y se quedaron atrapados para volver a ser reflejados más tarde. Apenas lleva andados 200 metros, pensando en la extraña sensación que tiene, cuando sus pasos le llevan a pasar al lado de un bar, ya cerrado, cuyas cristaleras muestran el interior del mismo, y allí, cree ver entre la penumbra, a algún cliente despistado sentado en un taburete de la barra, como esperando, cabizbajo, a que el camarero que ya no está, le sirva la última consumición. Sólo ha sido un instante, pero está seguro de haberlo visto, y la sensación de sentirse observado aumenta por momentos. Acelera el paso, quiere llegar a casa cuanto antes, pero cuando apenas ha recorrido algunas decenas de metros, siente como si una mano invisible sujetara el bajo de su pantalón, cerca del suelo, haciéndole frenar su marcha y provocando un traspiés ligero que le obliga a parar. Mira hacia atrás, no hay nada en el suelo con lo que haberse enganchado, no hay nadie, sólo silencio, roto por una súbita toma de aire y un pequeño salto al sentir en su hombro una mano que se apoya. Vuelve a girarse completamente, pero sigue sin haber nadie. Sólo él, el ruido de su respiración entrecortada, el latido fuerte y rápido de su corazón, y el silencio y la quietud que le rodea.


Sigue su camino, convenciéndose de que nada ha pasado, es sólo sugestión, los malos momentos que juega la mente cuando se deja llevar por el miedo y la imaginación, y por fin, al fondo de la estrecha calle oye las voces de los barrenderos, y el ruido de los camiones de la limpieza, lo que le hace sentirse más seguro, más tranquilo. Ya no siente temor, irónicamente se siente seguro entre algunas personas totalmente desconocidas, y sigue su camino con un paso más firme y seguro que hace unos instantes...

jueves, 29 de noviembre de 2007


Sentirse especial no tiene ningún mérito, más que aquel de ser consciente de que se tiene una determinada virtud o un don, de que se es realmente bueno en algo, sobre todo cuando ese sentimiento propio es real y no imaginado o narcisista.

Pero que te hagan sentir especial tiene un mérito que es impagable para la persona que te hace sentir esa sensación. Si alguien consigue hacerte sentir especial hasta en los momentos en los que tú mismo te sientes como alguien sombrío y oscuro, si alguien te hace ver que irradias una luz tan fuerte y poderosa que iluminas su camino, no dejando lugar a las sombras de las dudas, a las tinieblas que provocan los miedos, a la oscuridad que acompaña a la soledad, a las nubes de tormentas que se cierran sobre nuestros propios tormentos, si alguien es capaz de hacerte sentir así, es que realmente esa persona es capaz de sacar de ti todo lo mejor que tienes, es señal de que realmente te quiere, y no sólo eso, sino que, de alguna manera, te admira, siendo consciente de tus defectos y de tus virtudes, admira lo que eres, cómo eres... Cuando alguien es capaz de transmitirte serenidad, esa paz interior que tantas veces buscamos y rara vez encontramos, cuando con su sola presencia llega la calma, cuando con una mirada desaparece todo aquello que te rodea, y tu cuerpo se inunda de mil sensaciones, cada una más placentera y maravillosa que la anterior, cuando miras a esos ojos y sólo ves el mismo amor que tú sientes y la sinceridad de quien mira con el corazón, cuando el simple roce de su mano estremece hasta el último rincón de tu cuerpo, cuando un beso es la expresión más sincera para decir te quiero, entonces y sólo entonces sólo cabe la opción de darse cuenta de que es esa persona la que hace que seas especial, es esa persona la que ha inundado tu vida, tu corazón, alma y mente, cada rincón de tu cuerpo de un sentimiento llamado amor, sentimiento tantas veces denostado, tantas veces nombrado y tan pocas veces real. Cuando te das cuenta de que sin esa persona, nada de lo que eres, nada de lo que sientes, nada de lo que sueñas y ninguna de tus ilusiones tienen sentido si no las compartes con ella, entonces es cuando te vuelves consciente de que has tenido la enorme suerte de haber encontrado a la persona con la que realmente quieres compartir tu vida, cada instante, cada momento, todos y cada uno de los días, con sus respectivas noches, del resto de tu vida.

Y entonces es cuando te das cuenta de que, quien realmente es especial es la otra persona, y es especial porque su propia esencia es especial, porque no hay nadie que pueda igualarse en su capacidad infinita para demostrar todo lo que siente, para comprenderte, para apoyarte, para escucharte, para compartir parte de todo aquello que a ella le hace especial, y así hacerte sentir especial a ti también. porque en su conjunto no hay nada que denote una pizca de sentimientos turbios y oscuros como el rencor o los celos, porque sus propias virtudes no pretenden esconder los defectos que pudiera tener, y sobre todo, y lo que le hace ser más especial todavía, es que ignora que realmente es una persona realmente especial, diferente a las demás, y no es consciente de que realmente es capaz de convertir todo lo que le rodea en algo especial...
Así me haces sentir a mi, y así es como eres tu ojazos...
Sólo espero ser capaz de hacerte sentir y de devolverte todo aquello que me haces sentir y que me das...

viernes, 23 de noviembre de 2007

Cuentos de hadas


Hay momentos en la vida en los que creamos cuentos de hadas, se nos cumplen los deseos, y no sólo eso sino que además somos plenamente conscientes y felices por ello.


Pero no nos damos cuenta de que, en muchas ocasiones, vivimos con un pie en el cuento de hadas y con otro al borde del abismo.


Ser consciente de las consecuencias de algunas decisiones no es complicado, asumir dichas consecuencias, a veces se me antoja muy difícil, y más cuando dichas consecuencias son las que te llevan a tener que renunciar a ese cuento de hadas, a ese deseo cumplido.


Dante y yo hemos de seguir caminos diferentes, por su bien, por el mío, por el de los dos. Dante "sólo" es un guacamayo azul y amarillo, dicho técnicamente, un ara ararauna, dicho desde el corazón, es mi pequeño, mi deseo cumplido, el protagonista principal de uno de mis cuentos de hadas. Decir que Dante es "sólo" una mascota, sería como decir que me encanta el mueble del salón de mi casa, dicho mueble no respira, no transmite sensaciones, no tiene estados de ánimo, no se alimenta, no da cariño, no tiene personalidad propia, sino que se acopla, con más o menos gusto a un conjunto decorativo. Dante no es eso, no es sólo una mascota, es algo más, mucho más, es la visión constante de que a veces los sueños se hacen realidad, de que con constancia y perseverancia se acaba alcanzando algunas ilusiones que en su día parecían lejanas y que un día cualquiera se convierten en realidad. Dante es uno más de mi familia, con sus cosas buenas, con sus cosas malas, con sus virtudes y sus defectos, y así le quiero, y porque le quiero, debo dejarle marchar, como decía hace unas líneas, por su bien, por el mío, por el de los dos....


Se me rompe un sueño, se me rompe una relación estrecha y con un feeling especial, se me rompe en mil pedazos una ilusión cumplida; con él se va algo que jamás había sentido con ninguna de mis otras "mascotas", esa capacidad de observación, su forma de comunicarse, su forma de aprender a interactuar y a relacionar hechos, situaciones, palabras, gestos, su forma de transmitir cariño, su forma de recibir el cariño que le doy, su mirada inteligente y escrutadora, y esa capacidad, casi manipuladora, para ganarse constantemente una caricia o un momento de juegos... Con él he sentido una relación de mutuo entendimiento, he aprendido a comprender que nuestras necesidades no siempre son las de nuestras "mascotas", que al igual que las personas, él también tiene días buenos y días malos, donde apetecen más unas cosas que otras, él me ha enseñado muchísimo sobre aspectos que antes, ni me habría llegado a plantear a la hora de interactuar con un animal, sea del tipo que sea, hemos sido maestro y alumno a partes iguales, enseñando el uno al otro todo aquello que podíamos enseñarnos, aunque, obviamente, el que ha salido beneficiado de esta enseñanza mútua, he sido yo... La inteligencia animal es infinitamente superior a la humana, ya que ésta, no se mueve por motivos profanos, egoístas, triviales, diplomáticos, políticos o económicos, sino que se mueve y se rige por motivos importantes, por necesidades reales y básicas para cualquier ser vivo, por lo que aprender de dichas inteligencias ayuda a comprender que a veces, con muy poco se es muy rico, que la mayoría de las veces, la felicidad está al alcance de cualquiera que quiera cogerla...


Separamos nuestros caminos, Dante ha de seguir uno nuevo, ha de seguir enseñando, con su particular manera de impartir doctrina, a otras personas, a otra familia, y yo, desde este rincón, sólo he de asumir, que hubo un tiempo en el que tuve la suerte de compartir 3 años con un animal que me enseñó a ver de otra forma las cosas importantes de la vida, a ver más allá de la espectacularidad de los colores, de libreas impresionantes, de portes portentosos, de facultades innatas a ciertas razas que sorprenden a propios y a extraños, para ver la realidad de que detrás de la belleza exterior de los animales y fuera de sus propias facultades innatas, hay algo más que una mascota, que un animal de compañía, más o menos bonito dependiendo de quién lo mire, sino un ser vivo que lucha cada día por cubrir sus necesidades básicas y poder alcanzar así su propia felicidad, que hay una filosofía de vida, una forma de entenderla y de vivirla, que nosotros, los seres humanos, no alcanzaremos jamás, salvo en rara excepciones, pero de la que podemos aprender muchísimo.... Y sobre todo debo agradecerle haberme enseñado a tener esa misma sensación que tengo con él, con el resto de mis pequeños, de mis "mascotas"...


A veces no es necesario perder lo que tienes para valorarlo, ni tampoco es necesario quedarse con la sensación de que fue poco tiempo, si el tiempo que fue, estuvo bien aprovechado. Valorar las cosas en su justa medida ayuda a tomar ciertas decisiones, y yo tengo claro, que probablemente Dante me hubiera enseñado a ver muchísimas más cosas, y a verlas por mi mismo, pero también sé que todo este tiempo, y el que aún nos quede juntos, fue aprovechado al máximo. No puedo, ni quiero, ser egoísta, ahora toca que siga enseñando a otras personas, si dichas personas quieren aprender de él, y a que él siga aprendiendo todo aquello que le quieran enseñar... Lloraré su marcha, extrañaré su ausencia, pero en mi interior siempre quedará todo lo que compartimos y todo lo que me enseñó, y me sentiré orgulloso de saber que mi pequeño seguirá enseñando y haciendo disfrutar a alguien en algún lugar...


No te hablo desde la tristeza, pero si que te echaré muchísimo de menos... Suerte compañero, aunque sé que no la necesitas.... Ahora te toca hacer realidad otro cuento de hadas, otro sueño, otras ilusiones, y ojalá que éstas sean duraderas y casi eternas....


jueves, 15 de noviembre de 2007

Se cierra una etapa


Hay veces que no queda más remedio que tomar una decisión, y aunque la misma no sea compartida por nadie, y menos aún entendida, uno no puede basar sus decisiones esperando el apoyo y el visto bueno de los demás, sino en las motivaciones personales, en el bienestar propio y valorando los pros y los contras de dicha decisión, teniendo en cuenta, en la medida de lo posible, el probable daño o perjuicio que pueda causar a los demás.


Eso es lo que me ha tocado hacer, tomar una decisión, y aunque ya lo daba a entender en otro post anterior, las motivaciones a la hora de realizar ciertas actividades, valen más que cualquier otro concepto o argumento que se quiera utilizar. Desgraciadamente mis motivaciones para seguir tocando en el grupo en el que estaba, han desaparecido, supongo que desaparecieron hace tiempo, o, lo más probable, es que fueran muriendo poco a poco, sin darme demasiada cuenta o sin querer dármela. Hoy por hoy, no echo de menos al grupo, ni su dinámica, si me duele dejar tantos meses de trabajo y esfuerzo común y personal, me duele pensar que quizás, el esfuerzo realizado no sirvió más que para un final, que, lo más probable, no merecía nadie, quizás, se echó de menos las palabras de apoyo o la falta de preocupación de algunos en algún momento, aunque también entiendo que no valen de nada las palabras cuando las mismas, no nacen de un acto sincero. Me duele, más que nada, dejar grandes amigos dentro del grupo, aunque me queda el consuelo de que lo siguen siendo fuera del mismo. Aún así, nada de esto ha condicionado mi decisión, ya que la misma era personal, y es simplemente por una falta de motivación y de entusiasmo, de ilusión y de ganas por seguir haciendo algo, que de alguna manera, no acababa de llenarme completamente.


Soy consciente de que mi decisión afecta más que si se fuera otro miembro, el grupo se queda sin guitarrista, y soy también consciente de que nadie es imprescindible. También soy consciente, de que, de alguna manera, tampoco se entendió que por mucho que yo fuera un miembro más del grupo, que mi situación era totalmente diferente, mis opiniones, mis posturas, mis ausencias, afectaban mucho más que la de cualquier otro miembro, por el simple hecho de ser sólo un guitarrista y el resto voces, es decir, yo condicionaba la postura global del grupo, y tampoco me parece justo asumir esa responsabilidad, ni hacérmela asumir menos aún. También soy consciente de que mi salida, no ha sido vista de mala manera por una parte del grupo, supongo que en el fondo es un alivio, para todos, incluído yo...


Aunque es una decisión llena de matices, la decisión se fundamenta en una única cosa, la falta de ganas y de motivación para hacer lo que estaba haciendo, y si algo me parece absurdo, es continuar haciendo algo que ni te llena, ni te motiva...


Sólo me queda desear mucha mierda (suerte en el argot artístico) a mis excompañeros de grupo, que todo vaya bien de ahora en adelante, y que trabajen tanto como puedan y quieran... Por mi parte siempre podrán contar conmigo para echarles un cable, si alguna vez lo necesitan y lo creen oportuno... Pero creo que es el momento de cerrar mi etapa dentro del grupo y caminar hacia otros sentidos y hacia otras metas....

viernes, 2 de noviembre de 2007

De tu mano


De tu mano podría caminar por los caminos que jamás me atreví a recorrer, aquellos senderos que nunca quise atravesar, porque aquellos que llevaban como compañera a la soledad, nunca llegaban a los destinos que dichos caminos tenían.


De tu mano podría volar tan alto que nadie nos viera, convertirnos en aquello que nunca fuimos, para ser lo que realmente siempre hemos sido. Volar a aquellos lugares a los que se llega tras un largo camino, que no se hace andando, donde un abrazo se convierte en el inicio del viaje, un beso en la expresión más clara de un sentimiento, una mirada en la conversación más larga entre dos corazones y donde los sentimientos son el verdadero motivo para seguir viajando. Un vuelo, un viaje, que no tiene destino definido, porque no es necesario decidir hacia dónde quieres ir, sino con quién vas, donde no importa tanto el paisaje que observas, sino quién te lo enseña, donde todas las paradas sólo tienen como finalidad poder dar un abrazo, un beso, mirar a los ojos y sentir cómo brotan dos palabras desde el fondo del corazón para decirte que te quiero. Un viaje donde no hay fin de trayecto, sino sólo caminos por recorrer, a tu lado, de tu mano, contigo, para aprender a quererte, para conocerte aún más, para hacer de cada rincón del camino el lugar más bonito donde poder abrazarnos y fundirnos en un beso.


De tu mano podría navegar por aquellos mares que antes eran bravos y peligrosos para atravesarlos con una frágil barca, y que ahora se han convertido en mares tranquilos y sosegados, donde sólo la fuerza de un beso que ha contado al corazón lo que las palabras nunca podrán expresar, provoca olas que viajarán en todos los sentidos, para dar testimonio de que sólo un beso, siempre llegará más lejos que cualquier palabra, por bonita que ésta sea. Navegar juntos, sin miedo a no ser uno mismo, sino con la confianza de que precisamente lo que realmente vale es ser como eres, sin miedo a nada que pueda provocar una tormenta en un mar tranquilo, porque no hay tormentas suficientemente grandes para hundir una barca, que aunque aparantemente parezca frágil, su fortaleza se basa en la confianza ciega que existe entre las dos personas que viajan en ella y en los sentimientos que llevan a su lado. Navegar, por el simple hecho de navegar, hasta llegar a una playa tranquila, dejando que sean las olas las que mezcan dicha barca que ya sufrió tormentas de otros tiempos y de otros mares, que nada tienen que ver con aquellos que ahora va surcando, y ser consciente de que dichas tormentas y dichos mares, sirvieron para hacerte más fuerte y para forjar lo que hoy, realmente eres, y así poder navegar a tu lado con la confianza de que esta vez, sé hacia dónde navego, qué rumbo seguir y con quién lo quiero tomar.


Sólo es necesaria una mirada, un gesto, un beso o un abrazo para iniciar este viaje, y sólo hace falta que tú estés aquí para continuarlo, para surcar, cielo, mar y tierra... No es un viaje sólo para dos personas, porque hay otras personas que son necesarias e importantes en dicho viaje, pero son sólo dos personas las que lo hacen posible... No es un viaje para escapar de aquello que un día nos hizo daño, sino un viaje para encontrar aquello que nos hace felices, para encontrar tus miradas, tus besos y tus abrazos, para que cada día demos un paso al frente con la seguridad de que, lo que iremos dejando atrás, no son sólo bellos comienzos, sino los seguros cimientos de un futuro repleto de todo aquello que pasamos una vida buscando...


Y sólo de tu mano, y contigo, es con quien quiero hacer este viaje, ojazos....

viernes, 26 de octubre de 2007

Imagina un sueño


Cierra los ojos, suavemente, no los aprietes para que ningún músculo en tu cara esté en tensión.


Respira suavemente, casi como si durmieras, como si nada de lo que ocurre a tu alrededor te pudiera afectar.


Siente una mano que acaricia tu pelo, tu cara, tu cuello, tu espalda....


Y ahora imagina un sueño, el primero que se te pase por la cabeza,no abras los ojos, sólo siéntelo dentro de ti, pero exterioriza todas las sensaciones que tu sueño te hace sentir...Imagina que tu sueño no es un sueño sino una dulce realidad, imagina que esas sensaciones no son imaginadas, siente como tu piel exterioriza cada una de tus sensaciones, sonrie porque tu sueño ya no es un sueño, es una realidad, tú eres quien lo hace real.

Sueña, porque es precioso soñar, pero no dejes de intentar nunca que tus sueños se conviertan en realidad.

Acércate a aquellos que puedan ayudarte a hacerlos realidad y aléjate de quienes intentan que olvides tus sueños.

Tus ojos


No sé por qué, pero siempre me fijo muchísimo en los ojos de las personas, cuando conozco a alguien por primera vez, de las primeras cosas en las que me fijo es en sus ojos. Obviamente, hay ojos que son preciosos, ya sea por su color, por su forma o por el conjunto de la persona de la que forman parte. Pero si hay algo más bonito aún que unos ojos, son las miradas que puedan llegar a expresar, y son al final esas miradas, la forma de observar, los que hacen que unos ojos sean arrebatadores y otros, en cambio no transmitan nada, aunque estéticamente unos sean bonitos y otros sean más normales (según los cánones mayoritarios de belleza, que generalmente no comparto).


Realmente son las miradas, las expresiones, lo que hacen que los ojos nos llamen la atención, y hay ojos, que se convierten en ojazos, no ya sólo por lo bonitos que puedan ser, sino por la cantidad de cosas que te llegan a transmitir, vida, alegría, felicidad, e incluso en algunos momentos tristeza, y aún en este caso, no pierden ni un ápice de hermosura.


Hay ojos que miran y hablan, y otros, sin embargo nunca llegan a decir nada.


Y hay raras excepciones, en los que se aunan la belleza de unos ojos que armonizan con un rostro aún mas bello, y que a la vez poseen una mirada que te envuelve y te embruja, llena de fuerza y de hermosura, y que transmiten una y mil sensaciones a aquellos que tienen la suerte de verlos alguna vez.


Ojalá yo tenga la suerte de seguir viendo tus ojos, aunque sólo sea de vez en cuando...

jueves, 25 de octubre de 2007

Vuela


Volaban alto, muy alto, desde el suelo apenas eran dos puntos negros sobre el infinito mar azul del cielo de los sentidos. Volaban casi pegados, sin separse lo más mínimo, como en un paso a dos coreografiado por dos amantes deseosos de expresar su amor, realizando movimientos perfectos y armoniosos, al compás de la música que tocaba el viento. Volaban libres, ajenos a lo que sucedía a su alrededor, sin miedos, sin complejos, sin ataduras, sin dudas... Libres de expresar cada sentimiento, cada sensación... Las miradas no eran estudiadas, pero iban acompañadas de cada una de las cosas que sientes y que no dices, el cansancio era una sensación que simplemente no existía, cuando lo importante era el tiempo compartido, el dolor era una sensación ajena y extraña, un recuerdo condenado al olvido por otros sentimientos que vivían su apogeo y no admiten sensaciones tristes a su alrededor, porque inundan y abarcan todo aquello que te rodea. Eran libres; libres de amarse, libres de sentir, libres de prejucios, libres de bailar la música que ellos mismos creaban, libres de cadenas absurdas que intentan atarte el alma y el corazón...


Desde el suelo, sólo eran dos puntos negros, moviéndose de un lado a otro, no se oía la música que bailaban, no se veían los movimientos perfectos de su vuelo, no se apreciaban sus miradas, sólo eran dos insignificantes puntos negros en el cielo, vistos desde la inmensa soledad de la Tierra.


Por eso volaban alto, porque desde el suelo no se puede ser libre, no se puede ser feliz, sin que los lazos de la envidia, del miedo, del despecho, de los celos y del dolor, aprisionen fuertemente a aquellos que osan hacer uso de su libertad y son tan valientes, que son capaces de mirar cara a cara a la felicidad y sonreir.


Pero su vuelo en el cielo de los sentidos, no les obligaba a separar sus pies del suelo, sólo era necesario cerrar los ojos sintiendo el abrazo de su pareja de baile, para que así empezara la coreografía tantas y tantas veces bailada, y siempre diferente. Su vuelo era alto, porque sus sentimientos eran altos, y por eso cuando alguien se cruzaba con ellos y no era capaz de sentir lo mismo, no podía ver más que dos puntos negros en lo alto del cielo sin poder identificar ni qué son, ni qué es lo que hacen, así que menos aún, de darse cuenta de que pasó al lado de la felicidad y de la libertad...

Celebración

Sábado 13 de Octubre por la noche, 22:30 aproximadamente; esa era la hora en la que nos habíamos dado cita unos cuantos amigos para celebrar mi cumpleaños. Después de un día de mandar mensajes a todas aquellas personas con las que quería compartir un momento especial, y llevar alrededor de una semana comentando personalmente la invitación, y demás preparativos, llegó el momento de ver reunidas a todas aquellas personas que forman parte de mi vida, y la verdad es que fue fantástico, porque estuvieron casi todos, y los que faltaron, en su mayoría, fue por la imposibilidad de estar en dos sitios a la vez...
Pocas veces tienes oportunidades de juntar a todas las personas que, en mayor o menor medida, forman parte de tu vida, y sólo por ese hecho pasan a ser importantes, ya no son desconocidos, la mayoría son amigos, buenos amigos, otros, en cambio son personas que empiezas a conocer, pero que indudablemente, tienes la sensación de que son personas que merecen realmente la pena y que merecen el tiempo que se emplee en conocerles. Y un pequeño grupo reducido llevan ya tiempo no fallando a ningún momento importante, siempre están, son irreductibles, espartanos que luchan contra el tiempo, las tempestades, las lluvias y las piedras, para ayudarte a abrir el camino cuando no lo ves, y para reir contigo cuando las cosas vienen bien dadas. Si, espartanos, aquellos formidables guerreros, con una ética y una moral impresionantes, y con la obsesión fija de que Esparta no se rinde, sólo que mis espartanos no luchan por Esparta, luchan por algo intangible y etéreo, como es la amistad.
Mención especial para los que hicieron posible la celebración, Jose y Gonzalo, y que al final, después de varias horas batallando, también se pudieron unir a la fiesta. Muchas gracias por hacerlo posible y por vuestro trabajo!!!

A todos y cada uno de los que estuvisteis, muchísimas gracias por acudir, por hacer una noche llena de momentos inolvidables, por haberos conocido un poco mejor, por disfrutar y hacerme disfrutar, por las sonrisas y las risas compartidas. Por momentos como este y en momentos como este, sólo me queda dar las gracias por conocer a tantas personas que son increíbles...
Y para aquellos que no pudieron estar, espero que pronto nos podamos volver a ver, y que pronto nos podamos volver a juntar todos, aquellos que vinieron y aquellos que no pudieron, por el simple motivo de estar juntos...

De corazón, muchas gracias a todos!!!

P.D: Llevaba bastantes días dándole vueltas a este post, quería escribir algo grande, enorme, para agradecerles y darles las gracias a todos los que hicieron posible un día muy especial, y, aunque no es el post más bonito, está escrito con todo el cariño...

Sencillamente, sencillo...


A veces me pregunto por qué complicamos tanto las cosas, por qué hacemos más difícil lo que de por si ya es complicado y más complicado, lo que de por si es fácil.

Supongo que en el fondo nos deben de gustar las complicaciones, que no es lo mismo que los problemas. Pero resulta curioso ver cómo desconfíamos de aquello que parece fácil y nos sentimos atraídos por aquello que resulta complicado. En un pensamiento supérfluo , es obvio que cuando conseguimos algo complicado la sensación de victoria, de satisfacción personal y de autoestima crecen enormemente, comparándolo a cuando conseguimos algo que ha resultado fácil de alcanzar. Es tan sencillo como pensar que, lo fácil no se valora tanto como lo complicado.

Pues bien, yo reivindico lo fácil, lo que no es complicado, la sencillez...

No quiero quitar mérito a la solución de situaciones que son complicadas, aquellas situaciones en que las cosas vienen dadas de esa forma y sólo queda la opción de enfrentarse a ellas tal y como vienen. Sí le quito mérito a las situaciones que complicamos nosotros mismos, a pesar de que las mismas al principio tuvieran un origen y una solución fácil. Y, bajo mi punto de vista, es obvio también el por qué...

Hay pocas cosas que se puedan valorar tanto en esta vida como el tiempo, si malgastas tu tiempo, malgastas tu vida. Las situaciones complicadas y su resolución, implican, normalmente, mucho esfuerzo y mucho tiempo, por lo que si complicamos las situaciones que son fáciles, y que podríamos haber resuelto en un breve espacio de tiempo, lo que hacemos es malgastar tiempo y energías, lo cual, sencillamente me parece absurdo. Ese tiempo se podría haber dedicado a la familia, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos, a tus aficiones, en cambio, decidimos complicar lo sencillo y sacrificamos ese tiempo en conseguir algo que, en su origen, hubiera sido mucho más fácil de lograr, por el simple hecho de sentirnos orgullosos de haber conseguido algo complicado.

Reivindicar lo sencillo para aprovechar el tiempo, nuestro tiempo.
Una discusión, por ejemplo, no deja de ser una discusión, todos discutimos alguna vez por los motivos que sean, pero ahi debería de acabar la cuestión, si me equivoqué, pido perdón, si te equivocaste, actúa en consecuencia, si ambos nos equivocamos hagamos algo para enmendar el error, pero si complicamos las cosas, si no somos capaces de entender que nuestras razones no tienen por qué ser las de los demás, que nuestras esperanzas, nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras opiniones no tienen por qué estar compartidas con el mismo entusiasmo por los demás, si entendiéramos que el tiempo que pase es tiempo perdido... Y en todo caso, si no hay una solución para la discusión, si no hay culpables, y si resentimiento, si no hay la sensación o la necesidad de arreglar las cosas o llegar a un entendimiento, entonces, ¿para qué seguir discutiendo y perdiendo el tiempo? Es mejor avanzar, dar el paso firme y decidido, y seguir cada uno su camino.

A veces lo sencillo, se torna complicado, a veces lo sencillo lo complicamos nosotros, a veces, ni si quiera valoramos la opción sencilla, por el simple hecho de ser sencilla...

miércoles, 24 de octubre de 2007

¿Quién observa a quién?


Unos dedos que se alargan para juguetear con el aire, parecen querer coger briznas de espacios indefinidos, objetos lejanos que un día fueron arrastrados por el viento del olvido y del pasado hasta zonas donde la vista apenas alcanza y sólo la memoria es capaz de identificarlos como un recuerdo propio y no ajeno.


Una mano intentado tocar imágenes que se plasman en el aire, proyecciones de la mente que se reflejan en cualquier zona del cielo, donde unos ojos buscan rescatar momentos del pasado ya marchito, instantes muertos por el olvido, fotografías borrosas, llenas de polvo y dobladas por el peso y el paso de los años, unos ojos que intentar guiar a esa mano, para que sea capaz de atrapar esas imágenes y acercarlas nuevamente para poder observarlas desde mucho más cerca.


Son mis dedos los que juguetean con el aire, es mi mano la que intenta tocar esas imágenes, son mis ojos, los que miran para rescatar instantes muertos, y son, mis ojos, los que me hacen identificar una imagen, una imagen propia, pero aunque me veo, no me identifico, soy yo el que está mirando al pasado desde el presente, y desde el pasado, esa imagen reflejada de mi mismo está mirando hacia el futuro. ¿Quién observa a quién?

Desde el presente busco en mi pasado para identificarme, para conocerme mejor, y me encuentro que desde el pasado ya miraba al futuro para saber qué es lo que sería tiempo después, y tiempo después, sigo sin saber quién soy, pero con la certeza de que, al menos seguí creciendo como persona y que sigo luchando por aprender y mejorar aquello que soy y que aun desconozco...

sábado, 20 de octubre de 2007

Seguridad vs inseguridad


Metódicamente va preparando todo aquello que hoy le hará falta, la ropa perfectamente planchada y estirada sobre la cama, la ducha preparada, la cuchilla de afeitar esperando para realizar su trabajo, la colonia, recién comprada, esperando el momento de su estreno...


Observa detenidamente todo, hasta el más mínimo detalle, no debe de quedar ante la improvisación, y rigurosamente, vuelve a repasar cada una de las prendas, cada uno de los detalles, cada una de las partes que compondrán su vestimenta y de su propia autoestima, para así mentalizarse de la situación...


Comienza, con tranquilidad, un ritual que ni está escrito, ni estudiado, sino nacido de alguna parte de su interior, firme en cada una de sus acciones, como si un etéreo director de escena fuera marcando cada uno de sus movimientos, para que, sin posibilidad de salirse de aquello que estaba previsto, se realice, como si fuera la más perfectas de las máquinas, el guión que está escrito para el momento.


Se desnuda y siente como el agua caliente recorre, formando ríos, todo su cuerpo. No es una sensación nueva, sino cotidiana, pero hoy tiene la sensación de que, sin embargo hay matices diferentes, no es como siempre, el agua caliente a ratos parece ser más ardiente, aunque no llega a quemar; la esponja, esta vez, no sólo enjabona su cuerpo, sino que también lo está acariciando, despertando cada poro de su piel, dormidos durante tanto tiempo, mientras el agua sigue jugueteando con cada rincón de su cuerpo; el sonido del agua al caer no es un chapoteo contínuo, sino que parece que dibuja notas con cada gota, intentado hacer sonar una melodía que no acaba de descifrar. Una simple ducha, tan cotidiana en su vida, hoy se ha convertido en una experiencia totalmente alejada de la cotidianidad.


El frío golpea su cuerpo cuando sale de la ducha, un sinuoso vapor juguetea por el aire, dejándose ver más claramente a la luz de los halógenos del techo, dejando marcas en los espejos. Suavemente, como quien acaricia la cara de un niño, quita con sus manos el vapor acumulado en el espejo, aun sabiendo que es inútil, y que en breve el vapor, volverá a colonizar aquella parte del espejo que se limpió, empieza a afeitarse. Suavemente va recorriendo su cara con la cuchilla, evitando cortarse, ni tampoco rasurar más barba de la que realmente quiere. Otra sensación cotidiana, se empieza a volver extraordinaria, la cuchilla, eléctrica, va empezando a juguetar con la música, ese sonido constante del motor de la maquinilla, empieza a dibujar las mismas notas que anteriormente estaba escuchando mientras el agua caía en la ducha. Sigue sin descrifar la canción, pero siente, como las cuchillas van pasando suavemente y firmemente por su cara, movimientos claros, firmes, seguros, pero tan suaves que parece como si unos dedos fueran acariciando cada centímetro de su cara para evitar que se irrite por el paso abrasivo de la maquinilla de afeitar...


Enjuaga su cara con agua, repasa visualmente el afeitado, dándole el visto bueno, por lo que recoge la toalla y empieza a secar su cuerpo, pero esta vez parece que es la toalla quien le abraza y le acaricia. Es consciente de que son sus manos las que mueven la toalla, pero no había sido consciente del mimo y el cuidado con el que, aquellas partes de la toalla que no controlan sus manos, rozan su cuerpo, lo acaricia y se entrelaza en un firme pero placentero abrazo, para transmitirle calor y a su vez, secar su cuerpo...


Ya se encuentra frente a su cama, mirando atentamente a la ropa, y tras un breve y rápido secado, empieza a vestirse, hoy la ropa, quizás agradecida por el tiempo empleado en cuidarla, se muestra suave, encajando perfectamente en aquellas partes del cuerpo para las que fueron cosidas, haciendo sentir a quien las porta, la sensación de comodidad con aquello que llevas puesto. Inmediatamente después, toma la colonia, y mediante pocas y estudiadas pulverizaciones, intenta perfumar y dar un toque personal a su ropa y al aire que le rodea. Aspira profundamente para recoger ese olor, y con un gesto de conformidad y satisfacción , se queda un instante con los ojos cerrados...


Todo está tal y como había pensado, se mira al espejo, no por vanidad, sino para comprobar que los detalles están como quiere que estén. Y de repente, recuerda las sensaciones de la ducha, del momento del afeitado, el abrazo suave de la toalla, el roce de la ropa sobre su cuerpo, el olor de la colonia... De repente se da cuenta de que esas sensaciones son fruto de algo, que antes era inconsciente, y ahora se ha vuelto muy consciente... Nervios a flor de piel que sensibilizan cada poro y cada músculo de su cuerpo, haciendo que reaccionen ante cualquier factor externo, nervios que provocan las sensaciones imaginadas, olvidadas y añoradas de otro tiempo, nervios por darse cuenta de que probablemente, con una sóla mirada, todo su preparado ritual caerá como si de un castillo de naipes se tratara. Nervios y más nervios...


Se mira al espejo, todo sigue igual, nada ha cambiado, perfectamente peinado, perfectamente afeitado, impecablemente vestido y perfumado, cada detalle había sido previsto para dar una aparente seguridad, pero ahora, viendo su reflejo, consciente de sus nervios, los detalles quedan sólo en eso, detalles, más o menos importantes a los ojos de quien pueda observarlos, pero lo verdaderamente importante, lo que va detrás de esos detalles, se ha convertido en un puro manojo de nervios, que se había intentado ocultar tras una pequeño muro de detalles y apariencias para disimular la inseguridad que le crean ciertas situaciones.


Caido el muro, desdeñando los detalles, respiró profundo y se convenció de que el mejor detalle es ser siempre uno mismo. Cogió las llaves de casa y las del coche, y con un paso firme y decidido salió a la calle, y al pasar por un cristal de un escaparate se vio reflejado. Paró en seco, y se quedó mirando, no miraba lo que exponían en la tienda, ni si quiera sería capaz de recordar qué es lo que vendían, se quedó mirando su reflejo, viendo que ahora los detalles que tanto había cuidado para camuflar su inseguridad, se habían convertido en una parte de un todo que reflejaba su verdadera personalidad y su forma de ser, y que gustara o no a los demás, sólo dependía de los gustos de otras personas, pero para él, se habían convertido en sólo una parte del reflejo de si mismo. Volvió a empezar a andar, su paso volvió a ser firme y decidido, pero ahora también eran los pasos de alguien convencido de si mismo.


Al menos hoy será así, mañana ya se verá...

jueves, 18 de octubre de 2007

Momento de reflexión


Llegan momentos, en casi cualquier época de la vida, en los que debes, tienes o te ves obligado a parar y reflexionar, tomar decisiones, redireccionar las situaciones, valorar y sopesar los pros y los contras, para poder llegar a una conclusión sobre un tema concreto, sobre todo cuando dichas situaciones te empujan a tener reacciones viscerales, a no sopesar consecuencias, sino a reaccionar según el nivel de temperatura que alcanzan los sentimientos, que en muchos casos enturbian razones, obras y amores... Son en estos momentos en los que debe imponerse la razón, en los que se debe reaccionar de forma que, cualquier decisión tomada, sea, al menos, tomada con un mínimo de sensatez y cordura. Hay decisiones que necesitan tiempo y madurez, y negárselo es quitarse oportunidades a uno mismo y a los demás...


También hay momentos en los que notas que tus palabras vuelan por el aire, notas y sientes cómo salen de tu boca, y sabes perfectamente que llegan a los oidos de otras personas, intentado explicar situaciones, sensaciones y sentimientos, pero tambíén te das cuenta de que tus palabras, sean dichas de la forma que sean dichas, hayas dado con la explicación perfecta o con la peor de las argumentaciones, si quieren ser entendidas o no, dependerá, en un alto porcentaje de lo que aquellos que te escuchan quieran entender. Cuando tus palabras, no reflejan aquello que otros esperan oir, probablemente, no serán ni atendidas, ni escuchadas, ni entendidas igual de bien que cuando tus palabras dicen aquello que los demás esperaban escuchar. Cuando tus palabras vuelan por el aire planteando cosas que los demás no quieren plantearse, cuando hablan de cosas que nadie quiere hablar, cuando son inoportunas porque reflejan lo que otros no quieren aceptar, entonces, las posibilidades de ser escuchado y entendido se reducen al mínimo. Sientes que te escuchan, pero esperando el error de tus palabras o del concepto que en ellas se encierre o se pueda encerrar para tergiversar aquello que no dijiste, en favor de una idea que se aleja de tu planteamiento inicial, o ni si quiera entraba en los planteamientos en los cuales argumentabas tus opiniones. Ni qué decir tiene, que cuando entra en juego el favoritismo, el amiguismo o el rencor, cualquier esfuerzo es inútil, si quien escucha o quien habla, se encuentra en cualquiera de las opciones anteriores.


No necesito saber quiénes son mis amigos porque tengo claro quienes son, la vida y el tiempo, demuestran quienes están cerca de ti y valoran realmente tu amistad, y quienes, a base de pequeños o grandes "detalles", van enseñándote en qué posición estás realmente, lo que cuentas y lo que vales para ellos, y darse cuenta de ésto, es un triunfo personal de áquel que es capaz de vislumbrar los matices que separan una amistad de un simple compadreo o un trato cordial por algún tipo de relación social o laboral que nada tiene que ver con la amistad. Por lo tanto, en esta situación, los amiguismos y los favoritismos no son para nada necesarios a la hora de sentirse respaldado por aquellos que te aprecian, sino todo lo contrario, sabes perfectamente que, estés en lo cierto o estés equivocado, los amigos seguirán estando a tu lado, tengan la postura que tengan respecto a tu opinión, y viceversa...


Quizás, ahora estoy en una situación en la que necesito ese tiempo. Hay valores que están por encima de muchas cosas, hay sensaciones que están por encima de muchas cosas, hay motivaciones que cuando dejan de existir o se apagan, provocan que deje de existir razones para continuar con aquello que antes te llenaba por completo. Cuando los valores fallan, cuando las sensaciones desparecen y las motivaciones se desvanecen, sólo quedan dos caminos para recorrer; uno es tomar un nuevo camino, en una dirección totalmente opuesta a aquello que llegó a hastiarte y a apagar tus pasiones, para retomar nuevas ilusiones y motivaciones que consigan llenar nuevamente, lo que anteriormente llenaba una pasión marchita; el otro camino, es, aquel, que sigue en la misma dirección que aquello que un día se apagó, intentar encontrar entre las malas hierbas que crecieron a la vereda del camino, las flores que un día encendieron las pasiones y dieron lugar a aquellas motivaciones que hicieron recorrer ese camino lleno de esperanzas e ilusiones y rescatarlas del ahogo y de la opresión a la que les tenían somitidas las malas hierbas.


Ninguno de los dos caminos es fácil, encontrar nuevas motivaciones en un nuevo camino se hace complicado, y quizás, más complicado sea encontrar de nuevo las motivaciones que un día se apagaron. Quizás el tiempo lleve a tomar una decisión correcta y un camino correcto, o quizás, lleve a encontrar otro camino que acabe en un precipicio sin posibilidad de dar marcha atrás...


Había pocas cosas que me llenaran tanto como tocar la guitarra con el grupo de amigos y salir a hacer actuaciones con ellos, esos momentos en el coche, las sonrisas compartidas, los ratos de las actuaciones, las ilusiones conjuntas, la sensación de compañerismo y apoyo. Hoy, la guitarra me sigue llenando muchísimo, cada acorde, cada nota, que rasgueo en sus cuerdas me sigue provocando sensaciones que me llenan el alma, y no hay dinero que pueda pagar esa sensación, pero la sensación de compañerismo, despareció hace tiempo, la sensación de ser un grupo de amigos también, cierto es, que dentro del grupo se encuentran algunos de mis mejores amigos, pero ya no está tan claro que todos los que formamos el grupo seamos amigos realmente, ya no está tan claro que todas las sonrisas sean sinceras o sean forzadas por evitar más tensión de la que ya hay acumulada, ya no está tan claro que las ilusiones sean conjuntas o individuales, ya no está tan claro que todos queramos compartir momentos en el coche con todos, ya hay demasiadas cosas que no están claras, y personalmente no me ayudan a aclarar el panorama buenas palabras que vayan disfrazadas de posibles dobles intenciones, sin que, salvo honrosas excepciones, se hable claro de aquellas cosas que hacen que crezcan las malas hierbas en el camino, sean por los motivos que sean. Si hay algo que el dinero jamás comprará son los grandes momentos que pasas con los amigos de verdad, las sensaciones que la música te llega a transmitir cuando se comparte con personas a las que realmente tienes un aprecio y un cariño, cuando descubres que, después de mucho trabajar, esa música que suena y que ha llegado a transmitir algo a alguien está saliendo de ti...


Quizás hablé sobre algo que era incómodo, quizás dije cosas demasiado claras, otras ni si quiera eran necesarias aclararlas porque aquellos que escuchaban sabían por dónde iban los tiros, aunque fuera más cómoda la postura mediadora o conciliadora o la de aparentemente ignorar aquello de lo que se hablaba. Quizás es más fácil decir "no te entiendo" a intentar entender, quizás es más fácil olvidar lo destruido y volver a construir, que buscar cada una de las piedras que cayeron para volver a levantar la casa tal y como estaba. Pero cuando hacemos esto, olvidamos que entre las piedras que ayudamos a tirar, quizás se quedaron partes importantes de nosotros mismos...


Es triste tener que llegar a la conclusión, después de una discusión, de que el único concepto claro es que crean que pretendías llevar razón, o, en su defecto, que se hicieran las cosas como querías que se hicieran...


Hay muchos motivos para reflexionar, para tomarse un tiempo, calmar ánimos y templar corazones, llegando así a una conclusión, que al menos, será tomada en frío y sopesada...

miércoles, 10 de octubre de 2007

Ruido


Me gusta el ruido, la sensación de ausencia de soledad, de palabras flotando en el aire, conversaciones que se entremezclan con frases cantadas provenientes de la música de fondo, esos momentos en los que el ruido, hace que te actives, que no busques la reflexión y el análisis de las cosas, más allá de disfrutar de lo que te rodea y que provoca ese ruido que te envuelve... Si, me gusta el ruido, y es tan fácil de conseguir...


Me gusta el ruido del campo, esos sonidos donde el crujir de las ramas de los árboles azotadas por el viento se entremezclan con los cantos de los pájaros, donde la música del agua en su viaje infinito hasta el mar, mece notas naturales que según la ocasión se vuelven fuertes y sonoras o tranquilas y susurrantes, o el ruido de una hoja al caer al suelo para acompañar a otras que ya cayeron y que vivieron a su lado. Si, me gusta la naturaleza, pero la cuidamos tan poco...


Me gusta el ruido de un bar, donde se entremezclan tintineos de hielos con la música de fondo, y a su vez hacen de paisaje perfecto para el nacimiento de las más inverosímiles conversaciones que puedan existir, desde aquellas que son intrascendentes, hasta aquellas que reflejan lo más profundo del alma humana, donde el sonido de las risas y sonrisas, de los besos de bienvenida y de despedida, hacen que se componga una atmósfera de felicidad, ya sea efímera, sincera o exagerada, al fin y al cabo es felicidad. Si, me gustan los bares, las sonrisas y las risas, y sobre todo, me gusta la felicidad, pero es tan difícil de conseguir...


Me gusta el ruido de tus palabras, tus conversaciones, ya sean anecdóticas, intranscendentes, triviales o importantes, recoger del aire palabras que vuelan para evitar que sean llevadas por el viento, para recordarlas y mecerlas en mi memoria, observando tus gestos y tus miradas, contestándote a tus argumentos con palabras que nacen de las tuyas, convirtiendo una simple conversación en un momento en el que se comparten algo más que conocimientos o sensaciones. Si, me gustan tus palabras porque me ayudan a conocerte mejor, pero es tan difícil llegar a conocer a una persona...


Me gusta el ruido de mis palabras, poder hablar sin miedo a lo que dices, pudiendo expresar lo que piensas, lo que sientes, lo que opinas, teniendo la sensación de que eres escuchado no sólo por tus palabras, sino también por la forma de expresarte, no por tener la sensación de tener o de querer tener razón, sino por la sensación de explicar tus opiniones, me gusta poder decirte lo que pienso y lo que siento, para que así también puedas conocerme mejor. Si, me gusta hablar, pero es tan difícil que escuchen y entiendan aquello que quieres decir...


Me gusta el ruido de la música, la sensación de expresar mediante acordes sentimientos, ideas y sensaciones, me gusta escuchar notas que reflejan junto a palabras cantadas estados de ánimo que tuve, tengo o tendré. Me gusta la sensación de transmitir mediante un instrumento sentimientos propios, para compartirlos con otras personas, que a su vez, están compartiendo conmigo ese instante, la sensación de poder expresar mediante la guitarra o el cajón parte de mi personalidad, de mi interior, de mi forma de ver y entender la música y sobre todo la vida... Si, me gusta la música...


Me gusta el ruido de la risa, esa carcajada sonora y sincera, la relajación que transmite ante una posible tensión inicial, la sensación de complicidad y empatía que se consigue a través de una sonrisa o una risa entre dos o varias personas, aunque esa sensación sea breve, siempre se puede ampliar durante otro espacio de tiempo con una nueva risa, me gusta hacer sonreir a los demás, ser cómplice de un breve momento de felicidad, y me gusta que me hagan sonreir, haciéndome olvidar los problemas del día a día que todos tenemos durante unos instantes... Si, me gusta la risa y la sonrisa, me gusta reir y sonreir, y es tan fácil de conseguir...


Tengo motivos para que me guste el ruido, porque la mayoría de las veces, cuando el ruido no viaja de la mano del estruendo y los gritos , trae consigo sensaciones que no pueden coexistir con el silencio, y esas sensaciones, sean difíciles de conseguir o no, siempre merecen la pena...